Felicitas Caceres Izquierdo

NIÑOS DE SESTAO EVACUADOS A GRAN BRETAÑA

 

Felicitas Caceres Izquierdo

Nacida en Sestao el 27 de Octubre de 1927 en Vistalegre (Casa del Escribano) Es la pequeña de 8 hermanos y actualmente vive en Portugalete.

Embarcada en el barco HABANA llega a Oxford (Witny donde permanecera casi un año hasta ser reclamada y no por su familia que la recibe con gran asombro y mayor penuria.

Recuerda los bombardeos y refugios del tunel de Galdames, La Iberia y “La Fuente Lacazuela”.

Un hermano suyo Alejandro, de 19 años alistado voluntario en el batallón “Isaac Puente” con “bautismo de fuego” en Markina  desapareció en la batalla de Otxandio. A dia de hoy no se sabe de su paradero.

Alejandro Caceres Izquierdo1
Alejandro Caceres Izquierdo

Dicen que Inglaterra es lluviosa y que la bruma y la niebla 10 empañan todo, pero yo en cambio guardo en mi memoria la imagen de una Inglaterra cálida, luminosa, llena de colores y alegría. Ahora descubriréis por qué.

feliburu 2014-04-08 19:26:45Tenia solo 9 años cuando embarque en eI Habana rumbo a Inglaterra, Salí desde el puerto de Santurce, pues nací en Sestao (Vizcaya). Ya en Inglaterra estuvimos en un campamento hasta que se nos dio acomodo definitivo. A mí y a mis 2 hermanas nos enviaron a 1a colonia de Aston en el condado de Oxfordshire. El viaje desde el campamento hasta la colonia fue en autobus: éramos 40 niños, una maestra y una auxiliar. Estabamos contentos porque por fin íbamos a poder dormir en una casa como Dios manda. Y llegamos a Aston. Todo el pueblo nos estaba esperando y ¡qué pueblo nos esperaba! ¡Era precioso…, y la casa donde nos íbamos a quedar era simplemente maravillosa! Teniamos un jardín, un campo para jugar y además tuve la suerte de compartir habitación con una de mis hermanas . Siempre nos lo pasábamos bien pues cada uno de nosotros hacía algo para divertir a los demás: nos reíamos, bailabamos (el baile de las hilanderas porejemplo). Siempre nos invitaban a fiestas y eso nos daba la oportunidad de seguir con nuestros bailes y canciones.

Miss Mary era la intérprete y nos daba clases de Inglés. La recuerdo como una señorita encantadora. También haciamos muchas excursiones como aquella donde nos llevaron a la fábrica de coches Morris. En todos los lugares lo pasábamos muy bien y nos daban siempre unas meriendas estupendas con muchas cosas nuevas que comer como la jelly de piña (gelatina) que nos gustaba mucho… en cambio nunca nos gustó demasiado el té. Lo siento, he de admitirlo, nunca he podido con el.

Yo me hice muy amiga de una señorita inglesa muy simpática que se llarnaba Phyllis Ranson. Las dos nos escribimos durante varios años, gracias a otra amiga de la colonia, Ketty Maíz, que traducía nuestras cartas. Todavía conservo algunas de esas cartas y fotos y cuando las miro aún siento mucha emoción. En aquellos años, los padres de Phyllis tenían un coche y una caravana para ir de camping. Un día nos llevó al camping donde acampaban. ¡La caravana era preciosa, Argazki 1parecía que estaba hecha a juego con el coche! Una tarde también me invitó a su casa en Witney que estaba situada en el mejor sitio del pueblo.
Y qué decir de las Navidades… ¡Qué recuerdos! ¡nos regalaron tantas cosas! Como en Navidades nos invitaban a muchas casas y no podíamos ir a todas el mismo día, íbamos alargando las fiestas. En todas las casas había árboles de Navidad con nuestros regalos. A mí me regalaron una muñeca preciosa, como nunca había visto antes. Cuando volví a Sestao la lleve conmigo, la tenía nuevecita y me gustaba salir a la calle con ella. Nadie tenía una como esa y llamaba la atención.

Lo único triste de mis días en Inglaterra era que no teníamos noticias de nuestra familia. En casa se había quedado mi madre y mis hermanas mayores. Otros niños sí tenían contacto con los suyos pero nosotras no. Hasta que un día llegó la carta de una vecina que también tenía a sus hijos en la colonia. Ellos le habían enviado una foto en la que mis hermanas y yo bailabamos en el jardín junto a la gramola. Nuestra vecina se la había enseñado a mi madre que se sintió feliz al vernos felices a nosotras. Mi hermana Mary, la mayor de las 3 que viajó a Inglaterra, había escrito varias veces a nuestra madre sin resultado. Al final se le ocurrió escribir a uno de los ingenieros de la fábrica donde trabajaba mi madre, Altos Hornos de Vizcaya, a él si le llegó la carta y de esa manera conseguimos establecer una manera de comunicarnos.

Mis buenos recuerdos acaban aquí porque un día, después de 10 meses y medio en Inglaterra, nos dijeron que regresábamos a casa, Por una parte nos alegraba mucho volver con nuestra familia pero también sabíamos que iban a terminar nuestros días felices…
De la colonia nos despidieron con emoción y nos dieron muchos chocolates y caramelos para el viaje de vuelta. Teníamos miedo al viaje, a marearnos en el barco como en la travesía de ida. Hicimos el viaje de vuelta en varias etapas: primero en coche hasta el barco, luego por mar atravesando el Canal de la Mancha y finalmente recorrimos Francia en tren. En todos los lugares en los que parábamos nos trataban muy bien hasta que llegamos a la frontera española. Ahí el sueño se acabó.

Nosotros habíamos salido con una bandera ondeando, la republicana, Y a la vuelta nos recibía otra bandera. Las cosas habian cambiado. Un militar nos recibió en la frontera y con una sonrisa en la boca nos dijo: “Dad las gracias a los señores ingleses que os han acompañado”. Nuestros amigos ingleses se quedaron llorando en la frontera pues sabían que el panorama que nos esperaba era muy gris. Argazki 4Todo estaba destruido, todo era feo. Unas señoritas de la Sección Femenina nos ofrecieron café con leche en unos vasos que daban asco – un vaso servía para todos y nosotros, que ya nos habíamos acostumbrado a esas deliciosas meriendas inglesas, no sabíamos que hacer – Además si traías en la cabeza un “chori” (un lazo) de color rojo te lo arrancaban y a cambio nos prendían en la solapa una banderita española “es lo mejor que os podemos dar” nos decían y por si fuera poco nos cacheaban uno a uno. Yo sólo tenía 10 años y no me humillaron tanto como a los más mayores, entre ellos a mi hermana de 16 años, a quienes fichaban como si fueran delincuentes.
El viaje en tren hasta Bilbao no fue mejor, el tren estaba roto, las ventanas sin cristales. Muchos de los que viajaban conmigo hablaban en euskera, su lengua, y los vigilantes les regañaban por hablar en esa lengua: “Aquí solo se habla en español, en cristiano”, les decían. Fue entonces cuando nos dimos cuenta que el euskera estaba prohibido como muchas otras cosas que fuimos descubriendo. Todos los cambios que se habían producido no habían sido precisamente para bien.

Sólo había una cosa buena de todo aquello y es que a nuestra llegada a Bilbao rni madre nos estaba esperando. La pobre se enteró de que volvíamos de pura casualidad porque no se molestaron en avisar a nadie de nuestro regreso. Al menos nosotras tuvimos la suerte de poder volver directamente a casa y no como otros que tuvieron que esperar a los suyos en un colegio de monjas donde no les dejaban ni hablar.
EI viaje desde Bilbao hasta Sestao lo tuvimos que hacer a pie.  A la entrada del pueblo la policía nos volvió a cachear y nuestra madre nos miró y nos dijo: “Ay hijas, aquí no tenemos ni para pan”. La casa donde vivíamos la habian bombardeado cuatro veces, las ventanas estaban cubiertas con papeles porque los cristales se habían roto con las explosiones, todo estaba de pena, todo estaba a oscuras… tuvo que pasar mucho tiempo hasta que lo arreglamos poco a poco. En medio de tanta tristeza, al menos nosotras trajimos algo de alegría en forma de regalos: recuerdo unas medias que regalamos a mis hermanas mayores, ¡qué bonitas! Y es que en España hasta entonces no se habían visto medias así de elegantes.Argazki 2
Cuando volví sólo tenia 10 años, así que tuve que ir a la escuela donde aprendí bastante poco: muchos himnos a Franco y muchos rezos, pero poco más. Perdí el inglés que había aprendido porque me decían que en España no me iba a servir de nada. Además tuve que aguantar durante mucho tiempo los golpes y el desprecio de los vencedores de la guerra que nos miraban a mí y a mi familia como “rojos separatistas” pues tuvimos la desgracia de perder a mi hermano en el frente republicano. En realidad mi hermano,  Alejandro,  desapareció y todavía aún le lloramos porque nunca hemos podido recuperarle.

El tiempo fue pasando y por unas cosas o por otras fuí perdiendo el contacto con mi amiga inglesa, Phyllis Ranson. Me casé, tuve hijos, fuí feliz pero nunca olvidé aquellos años…
Pero después de mucho tiempo y cuando pensaba que Inglaterra ya sólo era un recuerdo en mi memoria, tuve la ocasión de volver y he vuelto 3 veces y lo mejor de todo es que ahora viene la segunda parte de esta historia, la de mi reencuentro con mis amigos de Aston.
Mi primer regreso a Inglaterra fue en el año 90. Cuando desde la ventanilla del avión volví a ver la costa inglesa empecé a llorar y no podía parar. Llegamos a Aston tras un largo viaje en autobús desde Londres y me supe orientar sola hasta la casa donde habíamos vivido. Entonces no me atreví a llamar ni a decirle a nadie del pueblo que yo había vivido allí de niña. Regresé una segunda vez cuando cumplí 80 años -fué un bonito regalo- y esta vez me acompañaban 2 de mis nietos. Era invierno y los días acortaban pronto, así que poco pude ver de ese pueblo al que yo llamo ya “mi pueblo”. Finalmente volví otra vez en 2009 y esta vez sí, esta vez lo conseguí…
Mi nieta mayor y yo fuimos directas del aeropuerto a un hotelito de Witney. Era verano y el sol era radiante, la temperatura calurosa. Y esta vez volví a la casa, a mi casa inglesa, y nos atrevimos a llamar a la puerta y presentarnos a la señora de la casa. Ella me miró con cariño, me tomó de la mano y me guió por todas y cada una de las habitaciones. Yo le describía a ella, una a una, las estancias como yo las recordaba. Ahora la casa es una guardería infantil y han cambiado algunas cosas. Cada vez que contaba a alguien de la zona que yo era una niña de la Guerra Civil española sentía que la gente me miraba con dulzura.
Fue en el museo de Witney que me dieron referencias sobre algunas a las que había conocido, como a Miss Mary o Mr Early… Lamentablemente también descubrí que mi antigua amiga Phillis había muerto. Que pena sentí cuando me lo dijeron, Pero también qué sorpresa, pues resulta que ella había escrito un libro de aquellos años: Round the Square in Witney. Mi nieta me lo regaló y eso que ya he dicho que no hablo inglés; pero lo conservo como recuerdo de una gran amiga a la que nunca olvidaré. Recuerdo también una visita al Museo de Historia Natural de Oxford, que también había visitado de niña. Con qué amabilidad rne recibieron… incluso vino un chico español que trabajaba en el museo, Fernando, para guiarme por las diferentes salas, creo que tuve trato de visitante especial.
Entendéis ahora porque yo digo que para mí Inglaterra es cálida y luminosa. A pesar de haberla conocido en un momenta tan trágico como una guerra, yo sólo guardo buenos recuerdos de esa tierra: recuerdos felices, llenos de color y sobre todo de calor y de gente que me trató siempre con mucho cariño, como nunca antes lo habían hecho.
No sé si alguna vez regresaré a Inglaterra, a mi edad no se pueden hacer planes a largo plazo. Pero tanto si vuelvo como si no vuelvo no me cansaré de repetir lo feliz que fuí y lo agradecida que estoy a esta tierra y a sus gentes.
 Ahora que hablan tanto de recuperar la memoria de las víctimas de la guerra civil española pienso que nosotros, los niños, fuimos las primeras víctimas de esa tragedia.

 

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