PONENCIA DE JORGE RODRIGUEZ RODRIGUEZ

“LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA ANTE EL SISTEMA UNIVERSAL DE PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS”

Como primer punto de apoyo que nos ayudará a abordar y evaluar el tratamiento de la transición por el Estado español, es indispensable que definamos el concepto justicia de transición. Para ello nos referiremos a la definición dada por el International Center for Transitional Justice: “La justicia transicional no es un tipo especial de justicia sino una forma de abordarla en épocas de transición desde una situación de conflicto o de represión por parte del Estado”. La gestión de este período se basa en el respeto de tres derechos de las víctimas que se advierten esenciales: verdad, justicia y reparación, junto con una medida transversal, y muchas veces olvidada, como son las garantías de no repetición.

A lo largo de la historia han existido diferentes experiencias transicionales donde distintos Estados, con más o menos fortuna, han aplicado varios mecanismos de justicia de transición orientados a la superación del conflicto pasado; superación que, teóricamente, culmina con la reconciliación de la sociedad. Entre estas medidas encontramos: procesos judiciales, comisiones de la verdad, programas de reparaciones y purgas en la administración con vistas, estas últimas, a que los antiguos responsables de cometer violaciones de derechos humanos no continúen ocupando puestos de responsabilidad en las, teóricamente, renovadas instituciones públicas.

Por el contrario, hay experiencias transicionales en las que el camino seguido se aleja ostensiblemente de la toma de medidas de este calado. Los motivos suelen ser dos. En primer lugar, por encontramos con una fuerte oposición por parte de poderes fácticos, aun influyentes en la sociedad, como pudiera ser el ejército, los cuales impiden cualquier progreso de medidas orientadas a la verdad, la reparación y mucho menos procesos penales. En segundo lugar, por lo que podríamos llamar un “pacto de silencio”, en el que las fuerzas políticas, gestoras del período transicional, acuerdan que el mejor camino hacia la reconciliación es el silencio y el olvido del pasado. Entre las medidas tomadas en esta clase de transiciones sobresalen, por encima de cualquier otra, las leyes de amnistía y los indultos.

Como se expondrá a continuación, la gestión de la transición por España, dista mucho de adaptarse a los estándares internacionales que deben gobernar todo período transicional que pretenda respetar los derechos de las víctimas. Sin embargo, no sólo el comportamiento del Estado español durante la transición para con éstas puede ser objeto de reproche, sino también su actitud actual ante esta problemática. Y es aquí donde reside su posición: ve como un problema pasado, una situación actual.

En efecto, organismos internacionales han criticado durante los últimos años la gestión que se hizo, y que se sigue haciendo, de la transición española, teniendo como hilo conductor de estas críticas tres medidas fundamentales: la aprobación y continuo mantenimiento de la Ley de amnistía1, las insuficiencias de la conocida como “Ley de Memoria Histórica”2 y la falta de constitución de una comisión de la verdad que investigue los hechos acaecidos durante el período represivo.

Cada una de estas reivindicaciones (las cuales se concretarán a continuación) responde a una vulneración de cada uno de los tres derechos a respetar en toda transición (verdad, justicia y reparación). Sin embargo, es necesario realizar una importante puntualización: la inevitable interrelación entre cada uno de estos derechos. En efecto, una medida orientada al conocimiento de la verdad (como la constitución de una comisión de la verdad) puede repercutir directamente en los derechos a la justicia y la reparación (lo cual también se pondrá de manifiesto infra). No obstante, a los fines de este trabajo vincularemos directamente los pronunciamientos de los órganos internacionales de protección de derechos humanos respecto al mantenimiento de la Ley de amnistía, como un fallo del Estado español en el respeto del derecho a la justicia de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo; respecto a la necesidad de constituir una comisión de la verdad, como una violación del derecho a la verdad; y los pronunciamientos en relación con la “Ley de Memoria Histórica”, estarán conectados con insuficiencias en el respeto al derecho a la reparación.

  1. Un pequeño acercamiento a la Ley de amnistía y a la “Ley de Memoria Histórica”.

La posición de España dentro del segundo grupo de transiciones anteriormente descritas, donde priman el silencio y el olvido, es clara y notoria. Tras la muerte del dictador Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, la maquinaria política y judicial del régimen empezó a moverse intentando garantizar una plácida transición hacia un nuevo orden político3. Para ello, la primera medida tomada fue la adopción de una ley que amnistiara “los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes del orden público, con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos incluidos en esta Ley”4 y “los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas”5.

La adopción de esta ley supondría dar carpetazo a cualquier iniciativa judicial que, en un futuro, pudiera investigar “los delitos y faltas realizados con anterioridad al día quince de diciembre de mil novecientos setenta y seis”6 y, por ende, la posibilidad de que aquéllos que cometieron violaciones de derechos humanos durante la Guerra Civil y la posterior represión franquista respondieran por ello7. Sin embargo, esta falta de investigación no afecta únicamente al derecho de las víctimas a la justicia, pues debido a la ausencia de ésta contamos, dentro del contexto español y de forma paralela a las carencias judiciales, con un grave desconocimiento sobre determinados acontecimientos del pasado. El derecho a la verdad, entendido aquí como un derecho independiente al de justicia y dentro de un contexto de transición política, supone el derecho que tienen tanto las víctimas como la sociedad en su conjunto al conocimiento de ciertos extremos ocurridos en un período de violaciones de derechos humanos, como pudieran ser inter alia: las circunstancias en las que estas violaciones se llevaron a cabo o la identidad de los perpetradores.

Por su parte, la “Ley de Memoria Histórica” de 2007 no cuestiona la decisión política de mantener la impunidad y no investigación de los crímenes cometidos durante ese período histórico, derivada de la aplicación de la Ley de amnistía de 1977. En efecto, esta la ley contempla únicamente medidas de indemnización y reparación a las víctimas. Fue considerada como una oportunidad para dar solución a problemas tan sensibles para las víctimas como la colaboración de las Administraciones Públicas en materia de búsqueda de personas desaparecidas, exhumación en fosas comunes, conocimiento de las circunstancias de la desaparición o la anulación de las condenas penales dictadas por los consejos de guerra y tribunales franquistas, pretensiones todas ellas reivindicadas por las víctimas desde hacía tiempo.

Sin embargo, tales problemas no fueron ni han sido resueltos a la fecha por esta ley, sobre todo si la comparamos con lo establecido en instrumentos internacionales como la Declaración sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas8 o la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas (CDF9), al contener únicamente una serie de recomendaciones y parámetros de actuación dirigidas a las Administraciones Públicas, sin imponer a las mismas verdaderas obligaciones de hacer. Igualmente, ninguna de sus disposiciones contiene referencia alguna a la categoría de víctima, ni a los derechos que deben serle reconocidos, haciendo referencia, únicamente, al derecho de los ciudadanos a la recuperación de la memoria personal y familiar10.

  1. La gestión de la transición española ante Naciones Unidas.

La Ley de amnistía de 1977 ha estado en el punto de mira de los distintos mecanismos de protección de derechos humanos de las Naciones Unidas en sus distintos pronunciamientos sobre España. Ya en 2008, el Comité de Derechos Humanos (órgano encargado de monitorear el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos –PIDCP–11) en el marco de su quinto informe periódico a España, estableció lo siguiente:

Aunque ha tomado nota de la decisión reciente de la Audiencia Nacional de examinar la cuestión de los desaparecidos, preocupa al Comité el mantenimiento en vigor de la Ley de amnistía de 1977. El Comité recuerda que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles.

El Estado parte debería: a) considerar la derogación de la Ley de amnistía de 1977; b) tomar las medidas legislativas necesarias para garantizar el reconocimiento de la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad por los tribunales nacionales; c) prever la creación de una comisión de expertos independientes encargada de restablecer la verdad histórica sobre las violaciones de los derechos humanos cometidas durante la guerra civil y la dictadura encargada de restablecer la verdad histórica sobre las violaciones de los derechos humanos cometidas durante la guerra civil y la dictadura”12.

Así la derogación de la Ley de amnistía es vista por parte de los órganos de protección de derechos humanos, como una disposición que no únicamente viola el derecho a la justicia de las víctimas, sino de igual modo, el derecho a la verdad al impedir cualquier tipo de investigación. Debido a ello, tanto el Comité de Derechos Humanos en esta observación final como otros, como veremos infra, han recomendado igualmente al Estado español la constitución de una “comisión de expertos independientes” que realicen una investigación con vistas a que la sociedad española posea, al fin, un relato sobre los sucedido en el período represivo.

Paralelamente, este órgano se refirió de forma positiva a la aprobación de la “Ley de Memoria Histórica”. Sin embargo, puso en duda la efectividad con la cual estaba siendo aplicada:

El Comité, aunque toma nota con satisfacción de las garantías dadas por el Estado parte en el sentido de que la Ley de la memoria histórica prevé que se esclarezca la suerte que corrieron los desaparecidos, toma nota también con preocupación de las informaciones sobre los obstáculos con que han tropezado las familias en sus gestiones judiciales y administrativas para obtener la exhumación de los restos y la identificación de las personas desaparecidas (…).

El Estado parte debería: d) permitir que las familias identifiquen y exhumen los cuerpos de las víctimas y, en su caso, indemnizarlas”13.

En 2009, el Comité contra la Tortura (órgano encargado de monitorear la Convención contra la Tortura14), dentro de sus observaciones finales al quinto informe periódico a España, igualmente se pronunció sobre el mantenimiento de la Ley de amnistía en el ordenamiento español, debido a que impedía la investigación y juzgamiento de las torturas ocurridas durante la Guerra Civil y el franquismo:

Si bien toma nota de que el Estado parte señaló que la Convención contra la Tortura entró en vigor el 26 de junio de 1987, mientras que la Ley de Amnistía de 1977 se refiere a hechos acaecidos con anterioridad a la adopción de dicha ley, el Comité quiere reiterar que, en consideración al arraigado reconocimiento del carácter de jus cogens de la prohibición de la tortura, el enjuiciamiento de actos de tortura no se debe limitar por el principio de legalidad, ni por el efecto de la prescripción. El Comité además ha recibido distintas interpretaciones sobre el apartado c) del artículo primero de la Ley de amnistía – que prevé que la amnistía no se aplicará si los actos han “supuesto violencia grave contra la vida o la integridad de las personas” – en el sentido que el mismo excluiría en todo caso la tortura de los delitos amnistiados”15.

Ya más recientemente, las Naciones Unidas tomaron especial interés por la situación de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo en España, llegándose a juntar en el lapso de cinco meses, la visita del Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas e Involuntarias (septiembre de 2013 –GTDFI–), el primer examen a España por parte del Comité contra la Desaparición Forzada, órgano controlador de la CDF, (noviembre de 2013) y la visita del Relator Especial para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición (enero de 2014 –REVJR–).

Empezando por el primer organismo, el GTDFI no fue la primera vez que se refiere la situación de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo16, sin embargo, sí constituyó la primera vez en la que este organismo se personaba en España dando voz a las víctimas. En su completo informe final sobre su misión a España, de julio de 2014, concluyó dentro de la categoría “Verdad y memoria”:

Considerar la creación de una comisión de expertos independientes encargada de determinar la verdad sobre las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la Guerra Civil y la dictadura, en particular las desapariciones forzadas”17.

En relación con la aplicación de la “Ley de Memoria Histórica”:

El Grupo de Trabajo llama la atención sobre el limitado alcance de la Ley de Memoria Histórica y la carencia de presupuesto para su implementación (…).

Con base en las consideraciones anteriores, el Grupo de Trabajo formula las siguientes recomendaciones al Estado español: (…).

p) Asegurar la coordinación de las actividades de exhumación e identificación y actualización permanente de los mapas de fosas desarrollados de acuerdo a Ley de Memoria Histórica;

q) Compilar, sistematizar y analizar la información generada a través de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica para promover una mejor comprensión de la naturaleza, las causas y el impacto de las desapariciones forzadas y ponerla a disposición del público”18.

Por su parte, respecto a la categoría de justicia:

Adoptar todas las medidas necesarias legislativas y judiciales, para asegurar que las desapariciones forzadas no sean crímenes sujetos a amnistía, en particular privando de todo efecto a la interpretación judicial dada a la Ley de Amnistía de 197719.

Es interesante apuntar respecto a este último pronunciamiento, que el GTDFI no recomienda la derogación de la Ley de amnistía, sino su interpretación conforme a las obligaciones internacionales de investigar los crímenes de desaparición forzada. De esta opinión fue también el Comité contra la Desaparición Forzada respecto a la posición de la mencionada ley en sus observaciones finales a España:

(…) exhorta [al Estado español] a que asegure que todas las desapariciones forzadas sean investigadas de manera exhaustiva e imparcial, independientemente del tiempo transcurrido desde el inicio de las mismas y aun cuando no se haya presentado ninguna denuncia formal; que se adopten las medidas necesarias, legislativas o judiciales, con miras a superar los obstáculos jurídicos de orden interno que puedan impedir tales investigaciones, en particular la interpretación que se ha dado a la ley de amnistía”20.

Con respecto a las garantías relativas al derecho a la verdad de las víctimas (afianzado en el art.24.2 de la CDF), el Comité contra la Desaparición Forzada recomendó al Estado español “considerar la creación de una comisión de expertos independientes encargada de determinar la verdad sobre las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el pasado, en particular las desapariciones forzadas”21. Por su parte, respecto a la “Ley de Memoria Histórica”, como ya hicieran el Comité de Derechos Humanos y el GTDFI, tras congratularse por su adopción, estableció:

Sin embargo, nota que las medidas que esa ley prevé para la localización e identificación de las personas desaparecidas dependen de la iniciativa de los familiares. Asimismo, le inquieta la información recibida sobre los diversos obstáculos con los que los familiares se habrían enfrentado en sus búsquedas (…).

(…) el Comité recomienda que el Estado parte adopte todas las medidas necesarias, incluyendo la asignación de los recursos de personal, técnicos y financieros suficientes, para la búsqueda y esclarecimiento de la suerte de las personas desaparecidas”22.

Por último, igual oportunidad tuvieron las víctimas de exponer sus casos ante el REVJR, Pablo de Greiff, que realizó su primera visita oficial a España entre los días 21 de enero y 3 de febrero de 2014. Durante la misma el REVJR visitó Madrid, Cataluña, Andalucía y Galicia y se reunió con representantes de varios sectores del Estado (entre otros, el ministro de Asuntos Exteriores, representantes del Ministerio Público y del Ministerio de Defensa, Defensores del Pueblo, tanto nacional como autonómicos, incluyendo un encuentro conjunto que reunió a la defensoría central con las ocho autonómicas) y asociaciones de víctimas y de defensores de derechos humanos con vistas a obtener una perspectiva amplia de las medidas que se han implementado en España en referencia a los derechos a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la no repetición, todas objeto de su mandato.

En el informe final a su visita, de julio de 2014, el REVJR expuso:

(…) el Relator Especial reitera las recomendaciones formuladas por varios mecanismos internacionales de derechos humanos sobre la incompatibilidad de los efectos de la Ley de Amnistía con las obligaciones internacionales adquiridas por España, incluyendo el artículo 2, párr. 3, del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. El Relator Especial señala que estos compromisos fueron contraídos con anterioridad a la adopción de la Ley de Amnistía. En efecto, la Ley fue adoptada el 15 de octubre de 1977 y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos fue ratificado el 27 de abril de 1977”23.

Igualmente, respecto a organismos que promuevan la investigación de las violaciones pasadas de derechos humanos:

El Relator Especial insta a las autoridades a iniciar discusiones serias para el establecimiento de un mecanismo o institución de carácter independiente, pero oficial, cuyo objetivo consista en conseguir un entendimiento exhaustivo de las violaciones de los derechos humanos y del derecho humanitario que ocurrieron durante la Guerra Civil y el franquismo. Recalca que este mecanismo podría adoptar diferentes modalidades y formatos, incluyendo la forma de una comisión de la verdad”24.

Respecto al programa de reparaciones que contiene la Ley de Memoria Histórica, el REVJR realizó un detallado estudio del contenido de ésta, para llegar finalmente a la misma conclusión que la de los otros organismos anteriormente comentados:

Evaluar rigurosamente la implementación de la Ley de Memoria Histórica y su uso por parte de las víctimas en aras de ajustar los modelos y medidas a los reclamos de las víctimas, estableciendo canales de comunicación entre las autoridades competentes, las víctimas y asociaciones”25.

La concordancia, por tanto, en los pronunciamientos de estos órganos internacionales no deja lugar a dudas sobre la gestión que de cara al Derecho Internacional, de forma general, y al Derecho Internacional de los Derechos Humanos, de forma particular, ha realizado España sobre su transición.

Conclusiones y retos futuros.

Tras todo lo expuesto anteriormente las conclusiones a las que puedo arribar no diferirán mucho de quien acabe de leer estos pronunciamientos y de lo ya escrito al respecto por gran parte de la doctrina especializada.

El panorama que presentaba la situación de los derechos de las víctimas del franquismo y la Guerra Civil, podría haberse quedado en un “mero” problema de voluntad política hasta 201226. Sin embargo, tras la sentencia del Tribunal Supremo, de 27 de febrero de ese año, se cerraba cualquier posible vía de que España juzgara los delitos cometidos en su propia jurisdicción desde 1936, oscureciendo, aún más si cabía, la situación de las víctimas. Las consecuencias de esta sentencia no son únicamente el cierre total de cualquier investigación ya abierta, o que pudiera abrirse respecto a estos hechos, sino que vemos en ella una suerte de “aviso a navegantes”, una hoja de ruta perfectamente armada de cuál ha de ser la posición de la judicatura española ante aquél juez que dé con claros indicios de comisión de un crimen ante una fase común de la Guerra Civil o el franquismo; y cuáles serán las consecuencias de quien se aventure a no seguirla.

La posición del Estado no difiere mucho de la marcada por el Tribunal Supremo. Si el Poder Judicial cerraba las puertas a que el derecho a la justicia de las víctimas fuera satisfecho en el lugar donde los crímenes se habían perpetrado, el Poder Ejecutivo se encargaba de hacer lo propio de puertas para afuera. Los sucesivos intentos del Gobierno por torpedear la investigación iniciada en Argentina, a través de la aplicación por parte del juzgado núm. 1 en lo Criminal y Correccional Federal de Buenos Aires del principio de jurisdicción universal, se han visto materializados en la contestación mediante evasivas e incompleta y veraz información a los diferentes exhortos librados por este juzgado. Igualmente, el Ministerio de Asuntos Exteriores se negó en un primer momento a que las víctimas comparecieran mediante videoconferencia ante la jueza competente de la causa. Sin embargo, el mayor revés a este proceso volvió a ser del Poder Judicial, representado en este caso en la Audiencia Nacional, ante la negativa de extraditar a dos reconocidos torturadores franquistas, imputados ya por el juzgado argentino, bajo el argumento de la prescripción de los hechos.

A pesar de la lentitud con la que avanza el proceso y las trabas que España, a través de todos los flancos posibles, le está poniendo, la jurisdicción universal puede ser vista como una de las posibles vías en las que las víctimas pueden ver en un futuro satisfecho su derecho a la justicia.

Las instancias internacionales, sin embargo, siguen constituyendo un potencial aliado. A pesar de que lamento la falta de predisposición del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) por conocer de estos hechos (ya son ocho las veces que ha negado su competencia alegando que los actos ocurrieron antes de la entrada en vigor del Convenio Europeo de Derechos Humanos –CEDH–27), los mecanismos cuasicontenciosos de Naciones Unidas, con competencia para recibir casos individuales, podrían erigirse como el siguiente paso a dar en el tortuoso camino de búsqueda de la justicia para las víctimas. Órganos, ya mencionados en este trabajo, como el Comité de Derechos Humanos, el Comité contra la Tortura o el reciente Comité contra la Desaparición Forzada (los tres con competencia aceptada por España para conocer de denuncias particulares), han demostrado una predisposición mayor que la demostrada por el Estado y el TEDH en esta materia. Sin embargo, a pesar de que no estamos hablando de tribunales jurisdiccionales per se, un pronunciamiento de estos órganos revelando el mal hacer del Estado sobre un caso concreto, constituye una clara y reconocida declaración de incumplimiento de un tratado internacional, no del agrado de ningún Estado. A parte, conociendo el renovado interés de España por las Naciones Unidas y su posición internacional, con un sitio a estrenar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pudiera parecer incluso indecorosa su continua reticencia en el respeto de los derechos humanos de sus propias víctimas.

Por último, las reivindicaciones de las víctimas en el plano del derecho a la verdad y reparación son igualmente incesantes, estando focalizadas en dos únicas reivindicaciones: constituir una comisión de la verdad que investigue los hechos ocurridos durante la Guerra Civil y el franquismo y dotar de los medios adecuados a la Administración para que intervenga en la búsqueda y exhumación de las fosas comunes halladas en todo el territorio nacional. Sin embargo, la situación actual en estos extremos no difiere mucho de lo ya comentado en el campo del derecho a la justicia, con el agravante de que para su implementación es necesaria única y llanamente voluntad política.

La crisis económica ha vaciado de contenido (gubernamentalmente hablando) todas aquellas pretensiones que no constituyan una generación de empleo u oportunidades de negocio, viéndose desde determinados sectores de la sociedad, las cuestiones orientadas a la defensa de los derechos humanos (cuestiones tan cercanas como lejanas, según el prisma con el que se mire), a una preocupación de unos pocos nostálgicos interesados en desestabilizar al Gobierno de turno. Los oídos sordos ante la posibilidad de crear un mecanismos orientado a que se conozca la verdad sobre el pasado, y el nulo presupuesto para la exhumación de quiénes aún están enterrados en una cuneta, supone, a mi entender, una clara revictimización de las víctimas, que, si ya vieron sus derechos violados durante una guerra y cuarenta años de dictadura, incluso en democracia su propio país los sigue incumpliendo.

** Abogado, doctorando de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Asociación Española para el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

1 Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía. BOE  núm. 248, de 17 de octubre de 1977, pp. 22765- 22766.

2 Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la cual se reconocen y amplían derechos y establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura. BOE núm.310, de 27 de diciembre de 2007, pp.53410-53416.

3 El dato que revela que la transición estuvo muy lejos de constituir un período pacífico lo constatan las cuatrocientas ochenta y cuatro víctimas mortales causadas por las acciones de grupos terroristas del extremismo de derecha e izquierda y las setenta y seis muertes violentas como resultado de la intervención de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que se produjeron entre la fecha de la muerte del dictador Franco (noviembre de 1975) y la victoria del PSOE en las elecciones generales (octubre de 1982). Véase, MAYAYO ARTAL, A.,“La violencia política a la Transició”, en MARTÍ ARACIL, R., MAYAYO ARTAL, A., MAS I SEGURA A., (eds.): Memòria de la Transició a Espanya i a Catalunya, vols. VI y VII, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2006.

4 Ibid., art.2.e.

5 Ibid., art.2.f.

6 Ibid., art.1.a.

7 Sin embargo, el hecho de que la Ley de amnistía impida cualquier tipo de investigación de las violaciones de derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil y la posterior represión franquista, no deja ser una interpretación jurídica sorprendente, cuando es sabido por cualquier avezado en derecho que una ley de amnistía extingue la responsabilidad penal de a quién les es aplicada; necesitando para que haya responsabilidad penal, una investigación judicial previa.

8 Aprobada por la Asamblea General en su resolución 47/133, de 18 de diciembre de 1992.

9 Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, adoptada en Nueva York el 20 de diciembre de 2006, ratificada por España el 24 de septiembre de 2009. BOE núm. 42 de 18 de febrero de 2011, pp.18254-18271. A octubre de 2014 cuenta con 43 Estados Parte.

10 Ley 52/2007, de 26 de diciembre… doc. cit. Artículo 2.

11 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, adoptado en Nueva York el 16 de diciembre de 1966, ratificado por España el 27 de abril de 1977. BOE núm. 103, de 30 de abril de 1977, pp. 9337 a 9343. A octubre de 2014 cuenta con 168 Estados Parte.

12 COMITÉ DE DERECHOS HUMANOS, Observaciones Finales del Comité de Derechos Humanos: España, Doc. CCPR/C/ESP/CO/5, 5 de enero de 2009, párr.9. La adecuación de la Ley de amnistía a los derechos afianzados en el PIDCP ha sido objeto de un intenso debate dentro de la doctrina, pues, si se acude a las fechas de entrada en vigor en el ordenamiento jurídico español de ambas disposiciones, puede apreciarse que al momento de entrada en vigor de la Ley de amnistía, el PIDCP ya era vinculante para el Estado español, viéndose, por tanto, obligado a investigar, juzgar y sancionar las violaciones de derechos humanos ocurridas en el pasado. Para una visión más en profundidad sobre esta cuestión pueden consultarse: CHINCHÓN ÁLVAREZ, J., “Transición española y justicia transicional: ¿qué papel juega el ordenamiento jurídico internacional en un proceso de transición? A propósito de la coherencia, buena fe y otros principios de derecho internacional postergados en la transición política de España”, Entelequia. Revista Interdisciplinar, núm.7, 2008, pp.345-347; ASOCIACIÓN ESPAÑOLA PARA EL DERECHO INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, Derecho a un recurso efectivo y a obtener una reparación justa y adecuada que corresponde a las víctimas de desapariciones forzadas, crímenes contra la humanidad y otras violaciones de los derechos humanos cometidas en España durante la Guerra Civil y la dictadura, 30 de abril de 2008, 53p. Para una visión contraria a lo sostenido por estos autores puede consultarse, GIL GIL, A., “Justicia transicional en España” en TAMARIT SUMALLA, J., (coord.), Justicia de transición, justicia penal internacional y justicia universal, Barcelona, Atelier, 2010, p.165.

13 COMITÉ DE DERECHOS HUMANOS, Observaciones Finales del Comité de Derechos Humanos: España, Doc. CCPR/C/ESP/CO/5, 5 de enero de 2009, párr.9.

14 Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, adoptada el 10 de diciembre de 1984. Ratificada por España el 21 de octubre de 1987. BOE núm. 268 de 9 de noviembre de 1987. A octubre de 2014 ha sido ratificada por 156 Estados.

15 COMITÉ CONTRA LA TORTURA, Observaciones Finales del Comité contra la Tortura: España, Doc. CAT/C/ESP/CO/5, 19 de noviembre de 2009, párr.21.

16 Destacamos aquí sus observaciones a España de 2009, donde expuso: “El Grupo de Trabajo recuerda al Gobierno sus obligaciones con arreglo a la Declaración, en particular, que todo acto de desaparición forzada será considerado, de conformidad con el derecho penal, delito pasible de penas apropiadas que tengan en cuenta su extrema gravedad (art. 4.1) y que los Estados realizarán investigaciones exhaustivas e imparciales mientras no se haya aclarado la suerte de la víctima de una desaparición forzada (artículo 13.6)”, CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS, Informe del Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas e Involuntarias, Doc. A/HRC/13/31, 21 de diciembre de 2009, párr.502. Igualmente, el GTDFI en 2011 contempló respecto a la situación en España: “El Grupo de Trabajo recuerda su comentario general sobre la desaparición forzada como delito continuado, según el cual “las desapariciones forzadas son prototípicos actos continuos”. El acto comienza en el momento del secuestro y se extiende por todo el período de tiempo en que el delito tiene lugar, es decir, hasta que el Estado reconoce la detención o proporciona información sobre la suerte o el paradero de la persona desaparecida. En el comentario general también se señala que: “En la medida de lo posible, los tribunales y otras instituciones deberían mantener la desaparición forzada como delito continuado o violación de los derechos humanos mientras no se hayan completado todos los elementos del delito o de la violación”. CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS, Informe del Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas e Involuntarias, Doc. A/HRC/16/48, 26 de enero de 2011, párr.439

17 CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS, Informe del Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas e Involuntarias. Misión a España, Doc. A/HRC/27/49/Add.1, 2 de julio de 2014, párr.67.r).

18 Ibid., párrs.64 y 67.p) y q).

19 Ibid., párr.67.cc.

20 COMITÉ CONTRA LA DESAPARICIÓN FORZADA, Observaciones finales del Comité contra la Desaparición Forzada: España, Doc. CED/C/ESP/CO/1, 12 de diciembre de 2013, párr.12. El Comité contra la Desaparición Forzada se refirió a esta interpretación de la Ley de amnistía, contraponiéndola a la interpretación que de ella había realizado dos años atrás el Tribunal Supremo en su ya famosa sentencia, de febrero de 2012, por la cual absolvía de prevaricación al magistrado Baltasar Garzón, no sin antes criticar duramente su actuación a la hora de incoar una investigación de los crímenes del franquismo. En relación a la Ley de amnistía el Alto Tribunal, obviando que el PIDCP se firmó de forma anterior a la aprobación de la Ley de amnistía, contempló: “En otro orden de cosas, ha de recordarse que la ley de amnistía fue promulgada con el consenso total de las fuerzas políticas en un período constituyente surgido de las elecciones democráticas de 1977. Esta ley ha sido confirmada recientemente en su contenido esencial, por otro acto de naturaleza legislativa: el pasado 19 de julio de 2011 el Congreso de los Diputados rechazó la proposición para modificar la Ley 46/1977, de Amnistía”. De igual modo, y en referencia clara las observaciones finales que venimos señalando, las cuales ponen de manifiesto el incumplimiento de tratados internacionales ratificados por España: “En este sentido, comprobamos cómo, desde estos órganos vigilantes del cumplimiento del Pacto, se han efectuado recomendaciones al Estado español sobre la derogación de la ley de amnistía (…). Se trata de recomendaciones y observaciones y no de denuncias de incumplimiento”. TRIBUNAL SUPREMO, Sala de lo Penal, sentencia 101/2012 de 27 de febrero de 2012, pp.19-20.

21 COMITÉ CONTRA LA DESAPARICIÓN FORZADA, Observaciones finales del Comité contra la Desaparición Forzada: España, Doc. CED/C/ESP/CO/1, 12 de diciembre de 2013, párr.33.

22 Ibid., párrs.31-32.

23 CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS, Informe del Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Doc. A/HRC/27/56/Add.1, 22 de julio de 2014, párr.71.

24 Ibid., párr.47.

25 Ibid., párr.104. b).

26 Es necesario, sin embargo, puntualizar que hasta esa fecha la voluntad del Poder Judicial de realizar cualquier tipo de investigación sobre los hechos que nos ocupan era igualmente pobre. Véase al respecto CHINCHÓN ÁLVAREZ, J., “El tratamiento judicial de los crímenes de la Guerra Civil y el franquismo en España” en Cuadernos Deusto de Derechos Humanos, núm.67, 2012, pp.45-50.

27 Sobre este tema, y no pudiendo entrar a fondo en esta controvertida cuestión, simplemente apuntar que el TEDH consideró que las víctimas no habían mostrado verdadera diligencia a la hora de reclamar sus derechos ante los tribunales españoles (sin considerar a este respecto, los obstáculos administrativos, legales e incluso políticos con los que se han encontrado), junto con el ya apuntado argumento de no vinculación del CEDH a España en el momento de comisión de los hechos. Sin embargo, sí consideró aplicable este tratado a unos hechos similares ocurridos Rusia, cincuenta y ocho años antes de que este Estado lo hubiera ratificado (caso Janowiec and Others c. Rusia, 16 de abril de 2012). Véase, CHINCHÓN ÁLVAREZ, J., “Incompetencia (sobrevenida) respecto a la obligación autónoma, independiente y continuada de investigar”, Revista de Derecho Comunitario Europeo, núm.45, 2013, pp.741-759.

 

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